El Palacio Real de El Pardo, residencia de los Austria durante la época, sufrió un incendio que acabó con una gran parte de las obras calcinadas por el fuego.

El 13 de marzo de 1604, algunas de las alas del Palacio Real de El Pardo comenzaron a arder, destruyendo así gran parte de las obras de arte que se encontraban en ellas. Afortunadamente, dos de esas obras que son muy importantes en la actualidad, consiguieron salvarse.

La primera, que se encontraba ubicada en el llamado “aposento de la camarera” de la torre oeste de la construcción, son los frescos conocidos como “Historia de Perseo”, de Gaspar Becerra, que se encontraban en el techo. Estos corresponden a diferentes momentos de la vida del semidiós, y continuaban por las distintas estancias, pero no se salvaron de las llamas.

el pardo

La segunda obra es “Júpiter y Antíope”, de Tiziano, aunque algunos la conocen como “la Venus del Pardo”. Esta especialmente era la favorita de Felipe III, quien al enterarse de lo ocurrido en el Palacio, no dudó en preguntar únicamente por ella, pues para él que esta pintura se hubiese salvado compensaba la pérdida de las demás.

El Palacio Real de El Pardo se ordenó construir en 1405 por Enrique III de Castilla, aunque en lugar de un palacio era una casa real, y posteriormente Enrique IV también decidió edificar en ella un pequeño castillo. No fue hasta la llegada de Carlos I al trono que se comenzó a convertir en palacio en 1544, tomando como inspiración un alcázar cuadrado. 

Por otra parte, fue Felipe II quien se encargó de llenar El Pardo de obras de arte para así italianizar todas sus salas, y Felipe III hizo lo mismo añadiendo algunas de sus favoritas, entre las que se encontraban muchos retratos de los monarcas y sus familiares, y fue este monarca también quien aprobó la reconstrucción de El Pardo tras lo ocurrido.


Actualmente, este Palacio ha sido parcialmente convertido en museo, y son los jefes de Estado que visitan España quienes se alojan en él.

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